El miedo vuelve para la población LGBT+ en Argentina


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Cristina Bazán | Guayaquil – 15 mayo, 2024

El ataque lesbofóbico que sufrieron cuatro lesbianas que vivían en una pensión del barrio de Barracas, en Buenos Aires, Argentina, ha elevado el miedo que la población LGBT+ ha venido sintiendo en los últimos meses, tras la llegada al poder del ultraderechista Javier Milei, debido al incremento sin freno de los discursos de odio y discriminación y al debilitamiento de las políticas públicas que alguna vez se crearon para mejorar su calidad de vida.

“Esto que pasó la madrugada del 6 (de mayo) la verdad es que nos sobrepasó en el sentido de entender la crueldad, la brutalidad. Es una masacre”, dice a Efeminista Flavia Massenzio, presidenta de la Federación Argentina LGBT.

En esa madrugada a la que hace referencia Massenzio, un hombre, identificado como Justo Fernando Barrientos, arrojó un explosivo a la habitación en la que dormían Andrea Amarante (42), Pamela Cobas (52), Roxana Figueroa (52) y Sofía Castro (49), lo que les provocó graves quemaduras en el cuerpo. Tres de ellas fallecieron entre el día del ataque y el pasado 12 de mayo y una aún permanece en el hospital.

Un crimen que, a decir de la dirigente, es “la punta del iceberg” de una “cadena de violencias” que la población LGBT+ ha vuelto a enfrentar con cada vez más frecuencia y que se legitiman por parte del poder político.

“El primer eslabón es la discriminación, son los discursos de odio, estas cosas que lamentablemente escuchamos cada vez más. Yo siento que, por lo menos acá en Argentina, antes no se decían tan descaradamente cosas que ahora nos están diciendo. Hoy encontrás a gente con discursos muy fuertes, conservadores, de derecha, en lugares de gobierno, en lugares de poder, ocupando lugares importantes dentro de los Estados”, señala.

Según un informe del Observatorio de Crímenes de Odio LGBT+, durante la pasada campaña electoral hubo “muchísimas declaraciones agraviantes” por parte de integrantes del partido del presidente Milei hacia la comunidad LGBT+ y hacia la agenda por la igualdad. “Los discursos de odio se instalaron en las redes y en las calles, buscando desafiar los derechos conseguidos y disputando el sentido común”, señala el documento.

Una situación que, sumada a la precaria situación económica como telón de fondo, “fue construyendo un clima de segregación, rechazo y discriminación; el terreno más fértil para las violencias hacia los colectivos históricamente más vulnerados”.

Miedo al acoso y al hostigamiento

Flavia Massenzio explica que un equipo de la Federación fue ese mismo día al hogar de las víctimas para conocer detalles de lo que había sucedido y los vecinos les contaron que las cuatro lesbianas sufrían hostigamiento y acoso por parte del atacante.

“Sofía, que era la que podía hablar y que hoy es la única sobreviviente, también manifestó estas situaciones de acoso, de hostigamiento, que no salía de su habitación por miedo, por temor y un montón de situaciones en lo cotidiano que vos no podés hacer porque no podés salir por temor al insulto, a la agresión, a todo tipo de incomodidades. Era un acoso constante”, relata.

Un temor que ella misma y muchas otras lesbianas sienten, admite. “Vengo de una asamblea en el Congreso de la Nación hablando con diputados de distintos sectores sobre esta alarmante situación, para que también acompañen y se tomen medidas en relación a lo que está pasando y hablábamos del temor a dormir, mirá que básico, el temor a dormir tranquilas que se sembró”, señala.

Organizaciones defensoras de Derechos Humanos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch condenaron el ataque y exhortaron a las autoridades a llevar a cabo “una investigación exhaustiva y transparente de los asesinatos”. En otros países, como en España, se están organizando concentraciones en rechazo al lesbicidio.

En la Federación argentina están conscientes de que los crímenes de odio como los que sufrieron las cuatro lesbianas son un “mensaje de disciplinamiento”.

“Nos dicen: ‘Mirá lo que le pasó, a vos también te puede pasar,’ y el mensaje lo recibimos, lamentablemente. Todas podemos ser víctimas, por eso afecta tanto y por eso necesita un tratamiento especial en la justicia y otra consideración de análisis para tratar de erradicar ese mensaje de temor que hoy tenemos todas”, señala.

Asegura que ahora deben volver a “pensar dos veces” antes de dar muestras de cariño a sus parejas en la calle, por miedo a la reacción de otras personas. “Es un temor que es pesado y denso. Es triste vivir así y eso es lo que generan estos crímenes, el disciplinamiento de nuestras conductas”.

Recuerda con nostalgia esos años en los que en las calles solo había orgullo, como cuando se aprobó la ley de matrimonio igualitario, en 2010. Ahora, por el contrario, las consignas durante la conmemoración del Orgullo estarán dirigidas a exigir una ley antidiscriminación para todo el país.

Combatir los discursos de odio

La dirigente señala que el país está viviendo una época de retrocesos, especialmente relacionados a los derechos de las mujeres y de la población LGBT+.

“Hace muy poco hubo un recorte muy fuerte del Estado y lo que era el cupo laboral trans no se está cumpliendo, no solo no se está cumpliendo en incorporar a población trans al Estado o lo relacionado a los incentivos para las empresas privadas, sino que además se despidió a personas trans. Entonces sí estamos en un estado de retroceso porque desde que ganó este nuevo gobierno hay una política de ajuste, de achicamiento del Estado y de vaciamiento de las políticas públicas que combatían la discriminación”, explica.

Es precisamente esa falta de herramientas para hacerle frente a la discriminación y a los discursos de odio lo que ha abonado al aumento de la violencia, reflexiona.

“Ya no vemos materiales del Estado en los que se diga ‘Esto es discriminatorio’, o a dónde tenés que llamar si te discriminan, qué tenés que hacer. Ahora es un trabajo que están haciendo las organizaciones de la sociedad civil, pero no tenemos herramientas eficaces para trabajar contra estos discursos”, afirma.

Pese a lo que están viviendo, Massenzio cree que aún la sociedad argentina no dimensiona realmente cuáles pueden ser las consecuencias de estos discursos, especialmente los que se emiten desde los espacios de poder. “No son discursos inocentes, sino todo lo contrario, están basados en una estructura dogmática en la que creen”.

“En la reciente campaña había muy pocos candidatos presidenciales que hablaban de diversidad sexual o que hablaban de educación sexual integral. Se nos empezó a sacar de agenda. Y cuando no se trabaja una política pública y cuando nos quitan de la agenda, las violencias y la desigualdad estructural que sufrimos se recrudece y se profundiza”, lamenta.



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