La incertidumbre sobre el futuro de Puigdemont provoca inquietud en Junts


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Las aguas quizás no andan tan revueltas en Junts per Catalunya como lo pueden estar en Esquerra Republicana, pero no significa que haya calma chicha. Se podría decir que un mar de inquietud comienza a extenderse por la formación postconvergente después de las elecciones al Parlament del 12 de mayo, con la incerteza sobre cuál será finalmente el futuro de Carles Puigdemont.

El expresident de la Generalitat se comprometió, en plena campaña electoral, a no continuar en la política activa si no conseguía los apoyos necesarios para volver a ser investido: “No me imagino otra cosa. Yo no puedo hacer política activa si no tengo la responsabilidad de la presidencia.” Y la presidencia, todo indica que no la va a tener.

Por mucho que insista Puigdemont en optar a una investidura, resulta más que improbable que esta fructifique. No solo requeriría el apoyo de ERC, sino también una abstención del PSC.

En Junts siguen esta maniobra a pies juntillas, pero miran de reojo el escenario que se abre a partir del 25 de junio, el primer día habilitado en el calendario para poder celebrar una investidura. Saben que es muy improbable, ya que ERC condiciona su apoyo a que Junts llegue a un acuerdo con el PSC –su abstención es imprescindible–, y este ya ha sido descartado por los socialistas tanto en Catalunya como en Madrid.

Un bloqueo que frena también el debate interno, porque parte de la estrategia de Junts pivota sobre la previsión de una posible repetición electoral: “No nos da miedo volver a las urnas”, aseguran. Y Puigdemont sería sin duda de nuevo el candidato de forma indiscutible.

A Junts no le salen las cuentas

Los resultados de Junts del pasado 12 de mayo han mejorado ligeramente su posición con tres diputados más, pasando de 32 escaños a 35, y recuperando el papel de partido mayoritario en el espacio independentista.

Sin embargo, la pérdida de la mayoría absoluta independentista en el Parlament, como consecuencia de la debacle sufrida por ERC y la CUP, no ha permitido completar el objetivo principal, que no era otro que conseguir la investidura de Puigdemont como president de la Generalitat. Un revés inesperado en las filas de Junts que ha dejado un sabor agridulce en la formación y una cierta desorientación sobre cómo afrontar el futuro.

La maniobra –con una investidura que se puede describir como imposible– permite a Puigdemont ganar tiempo en la toma de una de las decisiones más trascendentales para él y para Junts. También gracias al paréntesis que generan las elecciones europeas hasta el 9 de junio. Pero, aunque en público ningún dirigente de Junts critica la estrategia, en privado surgen las dudas sobre la necesidad de perfilar el futuro del partido –que la mayoría asumen que estará en la oposición–, clarificar los liderazgos y rearmar la estrategia de la formación.

Fuentes de Junts señalan que Puigdemont debería dar un paso más allá de la maniobra de la investidura y definir su futuro político

En Junts es difícil encontrar dirigentes críticos con Puigdemont, o al menos que lo asuman públicamente, aunque sea en conversación fuera de los micrófonos. Pero las fuentes del entorno de la dirección consultadas sí admiten que el candidato de Junts debería dar un paso más allá de la maniobra de la investidura y definir su futuro político.

Otra cosa diferente es en qué sentido. En algunos casos puntuales se defiende que la mejor opción sería una renovación en el liderazgo de Junts y se admite que el resultado electoral no es el esperado: “Ha sido un buen resultado, pero insuficiente para las expectativas que teníamos y con la apuesta clara y potente que ha supuesto la candidatura del president Puigdemont”, aseguran.

Sin llegar a esgrimir una crítica, estas fuentes que apuestan por la renovación sí advierten que “no hemos conseguido ser atractivos para el conjunto del independentismo, más allá de nuestro espacio electoral”. Y recuerdan que Junts solo ha conseguido crecer en tres diputados, mientras que ERC y la CUP juntos han perdido 18. Lo cual quiere decir que la mayor parte de la importante fuga independentista de las pasadas elecciones prefirió irse a la abstención descontentos con ERC o la CUP que votar a Puigdemont.

El futuro de Puigdemont, a debate

Con todo, los renovadores existen en Junts, pero parecen ser minoría. Y la mayoría de los cuadros consultados coinciden en defender el liderazgo indiscutible de Puigdemont, y más bien le piden que clarifique su hoja de ruta personal para desvanecer la preocupación existente por el futuro de Junts si el expresident de la Generalitat cumple su promesa de dejar la política activa.

Fuentes de Junts plantean que no se “puede perder un liderazgo tan fuerte como el de Puigdemont”

Estos dirigentes se decantan por que Puigdemont revoque su compromiso de abandonar la política institucional en caso de no ser investido. Algunos plantean que el partido “no puede perder un liderazgo tan fuerte como el suyo” y apuestan porque Puigdemont tome las riendas del partido. Otros van más allá y se muestran convencidos de que el expresident debería incluso ejercer como jefe de la oposición y comandar el grupo parlamentario.

No podemos olvidar que Puigdemont no tiene en estos momentos ningún cargo orgánico en Junts, a pesar de que su liderazgo es indiscutible y ha asumido todas las decisiones trascendentales de los últimos meses sin ni siquiera consultar a las bases. Tanto la negociación con el PSOE para la investidura de Pedro Sánchez que pilotó personalmente y que produjo un giro de 180 grados en la estrategia del partido, como la decisión de encabezar la lista de Junts y la articulación de las candidaturas del pasado 12 de mayo.

Recuperar la presidencia de Junts

La idea de estos dirigentes se basaría en que Puigdemont asumiera nuevamente la presidencia de Junts, que en estos momentos ostenta Laura Borràs, inhabilitada judicialmente por un caso de irregularidades cuando dirigía la Institució de les Lletres Catalanes y pendiente de recursos para evitar el ingreso en prisión.

Una presidencia que, ocupada por Puigdemont, tendría obviamente un carácter más ejecutivo y que complementaria la secretaria general que ostenta Jordi Turull, con quien Puigdemont ha formado el tándem negociador plenipotenciario de Junts.

Fuentes de Junts aseguran que “el partido necesita más que nunca un liderazgo fuerte e indiscutible”

Una operación que descabalgaría a Borràs y acabaría con la bicefalia surgida en el último congreso del partido entre ella y Turull, después del fuerte desgaste sufrido por el sector de la expresidenta del Parlament –el llamado borrasismo–, que ha visto caer de las listas a sus principales efectivos como Aurora Madaula, Jaume Alonso-Cuevillas o la expulsión de la exdiputada Cristina Casol, que denunció a dirigentes del grupo parlamentario por actitudes de violencias machistas.

“El partido necesita más que nunca un liderazgo fuerte e indiscutible, no es el momento de abrir un proceso que puede generar divisiones internas”, aseguran estas fuentes.

Jefe de la oposición en el Parlament o renovación

En cuanto a los que, además, defienden que Puigdemont debería asumir el acta de diputado y ejercer el papel de jefe de la oposición, admiten que “es difícil ver a un expresident de la Generalitat ejerciendo el papel de jefe de la oposición, pero en muchos países se da esta situación”.

Añaden dos argumentos: “Su destitución fue absolutamente irregular con la aplicación del 155 [artículo de la Constitución] y no ha podido recuperar la normalidad política por su exilio forzado”. Y por el hecho de que “el independentismo necesita un liderazgo fuerte tal como han quedado el resto de las fuerzas independentistas y el Parlament es donde mejor se visualizará”.

Finalmente, aunque nadie se atreve a decirlo en público y cuesta que se sinceren en privado, los partidarios de abrir un proceso de renovación son algunos miembros de Junts provenientes de la militancia de la antigua Convergència.

Consideran que “hay que abrir un nuevo ciclo político en Catalunya“, sin citar expresamente a Puigdemont. Pero sí consideran que el expresident debería clarificar su futuro. Y apuntan a que, sin renunciar a las posiciones independentistas, mantener a Junts en un relato excesivamente unilateralista es una barrera para reconducir las relaciones con sectores como el empresariado catalán.

En Junts se ha impuesto una ley del silencio que ningún dirigente está dispuesto a romper

Un empresariado que ya ha empezado a virar, con apoyo financiero a Junts y con muestras de relaciones institucionales como fue la visita del presidente de Foment, Josep Sánchez Llibre, a la Catalunya Nord para reunirse públicamente con Puigdemont antes de la campaña electoral.

Estos sectores también admiten que el posicionamiento actual de Junts que impone Puigdemont todavía complica las relaciones con partidos como el PSC y ha frustrado acuerdos importantes. Entre ellos, el que negoció Xavier Trias para la incorporación de Junts al Gobierno municipal de Barcelona del alcalde socialista Jaume Collboni.

Ahora cerrando todas las puertas a una negociación con el PSC para formar un Govern sociovergente que Salvador Illa no descarta: “No es imposible un acuerdo con Junts”, asegura el candidato socialista, aunque admitiendo que “no es el mejor momento” para hacerlo.

Una situación que deja a Junts en una flagrante debilidad institucional, sin ninguna alcaldía importante, en la oposición en Barcelona, sin poder acceder al Govern y gobernando en solo una de las cuatro diputaciones catalanas, la de Girona.

De momento, la procesión va por dentro, y se ha impuesto una ley del silencio en Junts que ningún dirigente está dispuesto a romper. Al menos hasta pasadas las elecciones europeas del 9 de junio y la constitución del Parlament el día después.

Puigdemont en persona ha trasladado a la tropa la consigna oficial de defender públicamente allá donde haga menester: “No podemos dejar que nos digan que nuestra opción a la investidura no es legítima”. Habrá que esperar a un mes de agosto que se prevé tórrido, en lo climático y en lo político.





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